Mi respuesta a la pregunta ¿A qué te dedicas? fue variando con el tiempo: hago  trajes tradicionales, indumentaria tradicional o trajes de Asturiana. Pero nunca ninguna de las respuestas me llegó a identificar completamente.

Cada traje fue para mí algo más, un proyecto artístico donde el diseño jugaba un papel fundamental. Manteniendo cortes y hechuras escogía los tejidos y los adornos que hicieran que cada traje fuese único, que captara la esencia de «lo asturiano» pero a su vez captara la esencia de la persona que lo iba a llevar. Estos dos factores, «lo asturiano» y lo personal tenían para mí la misma importancia a la hora de enfrentarme al diseño, diseño que siempre estuvo encorsetado por las férreas normas que rigen la indumentaria tradicional.

Siento que vivo un momento en el que esa esencia de «lo asturiano» se va diluyendo poco a poco en el mar de «lo tradicional», tengo la sensación de que hoy en día cualquier cosa «antigua» sirve y esa tendencia no me gusta.

 

Yo entiendo que el objetivo de la «indumentaria tradicional» es la identidad, demostrar con lo que vestimos nuestra pertenencia a un pueblo.

Cansada de intentar explicar que no es sólo lo que te pones sino con qué te lo pones, cuando y para qué, decidí apartar a un lado la «indumentaria tradicional» y explorar nuevos caminos.

Comienzo una nueva etapa donde poder dar rienda suelta a la creatividad, donde ya no busco la identidad de un pueblo en la ropa que hago sino que quien la lleve se sienta identificado con lo que hago y se lo pueda poner donde, como y cuando quiera.

Ringo Rango da el salto a la moda actual pero sin perder la esencia de sus orígenes y con una gran ventaja, ya no me ata «lo asturiano», puedo disfrutar y encontrar inspiración en la riqueza de toda la indumentaria española que aunque no os lo creáis va mucho mas allá de volantes, mantones y puntillas.